De espíritu viajero

Una caminata con destino a Machu Picchu

El camino del Inca Sagrado – o express- es una alternativa  del Camino Inca tradicional de cuatro días. Ideal para quienes desean realizar una travesía más corta, o para aquellos que como nosotros, se quedan sin lugar en el clásico ya que es necesario contratarlo con mucha anticipación, especialmente de junio a agosto que es la temporada alta. No obstante, siendo la segunda opción, el Camino del Inca Sagrado fue una experiencia inolvidable, incluso mágica. De esas que son difíciles de describir con palabras.

¡Que disfrutes el relato!

Destino: Machu Picchu

El día tan esperado había llegado. Conoceríamos Machu Picchu por primera vez. El despertador sonó a las 5 a.m pero la alegría y la ansiedad por conocer esa maravilla hicieron que no fuera nada difícil levantarnos, ultimar detalles para nuestra gran aventura y dirigirnos al restaurante del hotel para desayunar. Alrededor de las 6:30 a.m los guías de la empresa dedicada a realizar Caminos del Inca pasaron a buscarnos por el hotel, donde nos alojábamos en la ciudad de Cusco y nos dirigimos a la estación de tren en Poroy. Una vez allí, nos entregaron las viandas del día para guardar en nuestras mochilas y abordamos el tren Vistadome con horario de las 7:30, rumbo al kilómetro 104 donde iniciaríamos el Camino Inca Sagrado.

El viaje en tren, aunque un poco largo, fue sumamente agradable ya que el recorrido entre las montañas es panorámico. Allí nos sirvieron  un desayuno exquisito, siendo este el segundo de nuestra mañana.  Sin embargo, por cada minuto que pasaba, crecían más nuestras ganas de conocer el tesoro inca de Machu Picchu. Finalmente, unos minutos pasados de las 10:30 a.m el tren se detuvo en el kilómetro 104, donde   descendimos  y nos encontramos con quien sería nuestro guía de montaña, Eleazar, oriundo de la ciudad de Cusco. Allí nos pusimos  protector solar, nos quitamos los abrigos, nos registramos y  una vez listos comenzamos nuestra caminata; una experiencia tan maravillosa que jamás olvidaremos.

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A tan solo unos pocos minutos del lugar de partida e inmediatamente después de cruzar el Río Urumbamba, nos encontramos con las ruinas de Chachabamba. Las mismas fueron redescubiertas en 1940 y según algunos arqueólogos  aseguran que el estilo de los edificios y la construcción de piedra de precisión señalan que ha sido un  sitio religioso sumamente importante. También se cree que Chachabamba cumplía  un rol secundario como puesto de vigilancia protegiendo esta entrada a Macchu Picchu.

 

Luego, continuamos recorriendo el Camino Inca Sagrado subiendo la montaña antes de ingresar a la selva y cruzar una quebrada. El sol calentaba fuertemente y el peso de las mochilas se hacía sentir sobre nuestras espaldas en el ascenso. Sin embargo, a medida que avanzábamos en la caminata no podíamos dejar de admirar la belleza natural así como también la variedad de flora y fauna a nuestro alrededor. El paisaje era magnífico. Después de algunas horas de caminata en subida, nos topamos con una cascada bonita donde nos detuvimos a almorzar por un breve período para recobrar energía antes de continuar.

 

Al cabo de unos minutos llegamos a las increíbles ruinas de Wiñay Wayna, cuyo significado en quechua es Eternamente Joven.  Estas presentan numerosas terrazas, casas, y unos baños incas ceremoniales. Desde aquí hicimos una corta caminata hasta el próximo control; ya estábamos cansados pero a tan solo dos horas aproximadamente de nuestro destino final: Machu Picchu.

 

Unas escaleras casi verticales fueron el último paso antes de llegar a  Inti Punku, la Puerta del Sol, donde obtuvimos nuestra primera vislumbre de Machu Picchu en toda su gloria. Eran las 4 p.m. y el sol en todo su esplendor yacía sobre la ciudadela iluminándola desde lo más alto de un cielo celeste en su totalidad. Fue un momento tan inexplicable como fascinante que no pudimos contener emocionarnos. Y por más que piense incansablemente con qué palabra describir lo que sentimos, no puedo porque creo que trasciende cualquier lenguaje conocido. Solo puedo decir que la vida regala pocas ocasiones como esas y nosotros fuimos bendecidos con una de ellas.

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Desde la Puerta del Sol comenzamos a descender por la ladera de la montaña visualizando Machu Picchu, a donde nos íbamos acercando con cada paso que dábamos. Cada piedra en la ciudadela tiene su historia y sentía que los ojos no eran suficientes para registrar todo lo que el paisaje tenia para mostrar. Magnificencia en el sentido puro de la palabra. Estar parada frente a aquella maravilla inca, admirándola en silencio y en paz fue un momento mágico. Allí pude sentir cómo  mi ser se amalgamaba con el lugar y  una parte mía se transformaba en parte de él.

 


 

Fotografías tomadas por Alejandro Blazina.

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